El Jesús en mí

El concepto de Jesús viviendo en nosotros puede sonar como sacrilegio para algunos, ya que sabemos que nuestra naturaleza está inclinada hacia el pecado. Sin embargo, esta no es la naturaleza que Dios quiere para nosotros. Somos tan importante para Dios que Él envió su hijo para entregar su vida en un sacrificio cuya intención era restaurar nuestro propósito y relación con nuestro creador (Juan 3:16).

 

Podríamos pensar que Dios pudo haber hecho esto sin enviar a Su hijo para vivir como un hombre que finalmente sería sacrificado en la cruz, pero Su plan tenía un propósito. Hubo un propósito en el sacrificio de Su hijo (redimirnos), pero también hubo un propósito en todas las etapas de la vida de Jesús (enseñarnos como vivir de acuerdo a la voluntad de Dios). Nuestra meta no es solo alcanzar el cielo cuando muramos; es también experimentar el reino de Dios mientras vivimos. Pensar de otra manera es tener la vista corta.

 

…a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error – Efesios 4:11-14

 

Restaurar el propósito de Dios en nosotros incluye llegar a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Leyendo el contexto de esta escritura podemos entender claramente que esta meta no es para ser lograda en el cielo. Dios quiere que logremos la plenitud de Cristo aquí y ahora para que podamos vivir libre de las decepciones que nos llevan al pecado.

 

No que nunca vayamos a pecar, pues Dios claramente entiende nuestras debilidades y ha provisto para nuestro perdón (1 Juan 1:8-9).  Sin embargo, no podemos hacer del pecado nuestra manera de vivir (1 Juan 3:4-10), pues practicar el pecado evitará que podamos disfrutar del reino de Dios.

 

¿Por qué conformarnos a vivir nuestras vidas limitadas por las consecuencias del pecado? Dejemos que la plenitud de nuestro salvador se manifieste en nosotros y comencemos a disfrutar las bendiciones del reino de Dios.

 

…que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria – Colosenses 1:27


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