De regreso a la rutina

Parece que fue ayer que estábamos celebramos la Navidad y despidiendo el año. Pero el tiempo pasa y ya febrero está a las puertas. Atrás quedan los días de descanso, las celebraciones (sin olvidar la rica comida), los regalos y la anticipación de un nuevo año. El sueño ya se terminó y tenemos que despertarnos a la realidad de nuestra vida. Es necesario que regresemos a la rutina.

Sin embargo, no es necesario volver a incorporar todo lo que componía nuestra rutina. Tenemos que evaluar la misma y hacer algunos cambios.  Debemos dejar atrás las practicas que nos eran perjudiciales, mantener las que nos eran útiles e implementar nuevas que resulten en nuestro beneficio físico, emocional y espiritual.

Posiblemente estarás esperando que ahora escriba que es necesario incluir a Dios en nuestra rutina.  Pero lo que voy a escribir es todo lo contrario:  Es tiempo que saquemos a Dios de nuestra rutina. No, no estoy perdiendo la mente. La rutina es buena, pero llega el momento en que estamos tan acostumbradas a ella que ni siquiera nos damos cuenta de lo que estamos haciendo. Es necesario que incluyamos a Dios en nuestras vidas, pero no de esta manera.

Mi relación con Dios no es verdadera si esta ocurre inconscientemente.

  • Orando sin internalizar mis palabras.
  • Adorando a Dios con palabras y cánticos sin experimentarlo en mi mente y mi espíritu.
  • Navegando Su palabra sin internalizar su significado.
  • Congregándome sin experimentar comunión.
  • Diezmando y ofrendando sin considerar el proceso de fe, confianza y compromiso envuelto.

No busquemos añadir a Dios a nuestra rutina.  Más bien añadamos todo lo que hacemos en nuestra vida sobre el fundamento de nuestra relación con Dios.

Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. – Salmos 73:26


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