Tiempo de limpieza

Mucha gente aprovecha la llegada de la primavera para realizar una limpieza, que incluye hacer arreglos y desechar lo que ya no sirve.

Esto me hace recordar lo que Jesús hizo en el templo. Quien usualmente era una persona tranquila, tuvo una reacción inesperada. Parece que en lugar de estar buscando adeptos, estaba alejándolos.

Jesús quiso hacerle entender a sus seguidores que recibirían libertad, pero no política, sino más importante de lo que ellos pudieran imaginar: libertad espiritual. Por esta razón, le fue necesario limpiar de corrupción el lugar que había sido reservado para adorar a Dios. Él vino al mundo para librarnos de la corrupción que nos aparta de Dios.

Su reacción ante lo que estaba sucediendo en el templo era de esperarse. Jesús quería que sus seguidores estuvieran absolutamente claros de que no hay lugar para el pecado en la presencia de Dios.

Si Jesús fuera a entrar a nuestro templo, ¿qué harías?  No me refiero al edificio, sino al templo que Dios establece en la vida de aquellos que reciben a Jesús.

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. – 1 Corintios 3:16-17

¿Habrá algo que limpiar para poder recibir a Dios como se merece? ¿Habrá algo que botar?

Jesus entregó su vida para limpiarnos de la suciedad del pecado.  Siempre habrá situaciones en que nuestro templo requiera limpieza (por eso nos arrepentimos y pedimos perdón). Es importante cuidarnos de vivir intencionalmente acaparando basura en el lugar que está reservado para Dios.

Permítele a Jesús la libertad para que haga la limpieza necesaria, y disponte a mantener tu vida en las condiciones que merece la presencia de Dios.


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