¿Eres importante?

En cada evento electoral los candidatos hacen su mayor esfuerzo por convencer a los electores de que él o ella es la mejor opción para el puesto. Como parte del proceso, intentan hacernos entender que somos importante para ellos, y que nuestro voto es valioso.

Sin embargo, los que hemos experimentado múltiples ciclos electorales hemos aprendido que las promesas realizadas durante las campañas políticas tienden a pasar al olvido. Durante la campaña me hacen sentir que tengo valor, pero luego se olvidan de mí y me convierto en un número más.

Esa es la realidad de este mundo. Solo contamos cuando nos necesitan. ¿Por qué entonces ponemos nuestra esperanza donde no hay ninguna?

Aunque el mundo no nos valore, cada uno de nosotros es importante para Dios.

Existiendo en forma de Dios, él no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse; sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y, hallándose en condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! –  Filipenses 2:6-8

El amor de Dios por ti y por mí es tan grande, que decidió llevar personalmente el castigo requerido para nuestra restauración.

El alto pago de la crucifixión representa lo valioso que somos para Dios. Aún más, él quiere que nos veamos unos a otros con la misma importancia con la que él nos ve.

sino estimen [cuenten, consideren] humildemente a los demás como superiores a ustedes mismos;…considerando cada uno también los intereses de los demás. Haya en ustedes esta manera de pensar que hubo también en Cristo Jesús.- Filipenses 2:3-5

No eres un número más.  Eres sumamente valioso. Pon tu confianza en aquel que le da valor a tu vida.

Yo prometo

Las palabras ‘Yo prometo’ pueden ser a la misma vez el momento más esperado o el momento más aterrador. Claro está, eso depende del punto de vista de cada persona. Para algunos, comprometerse de por vida con la persona que aman es un momento anhelado. Para otros, este tipo de compromiso equivale a entregar su libertad.

Son múltiples las situaciones en las que tenemos que ceder nuestra libertad al someternos a la autoridad de otros:

  • Durante la niñez y adolescencia a nuestros padres y maestros
  • Luego a las autoridades universitarias
  • Y el resto de nuestras vidas nos tenemos que someter:
    • a las autoridades de ley y orden
    • al patrón
    • a las agencias de gobierno (impuestos, regulaciones, …)
    • al propietario de la casa o al banco hipotecario
    • con nuestra familia
    • con nuestras amistades
    • con la sociedad

Queramos o no, la vida está llena de compromisos. Estos podrán parecer como una limitación de nuestra libertad, pero son necesarios para tratar de vivir en harmonía.

No podemos olvidar la necesidad de hacer un compromiso con Dios.  Muchos quieren escapar de este compromiso, pero es el más importante que podamos hacer.

Estos se resisten porque creen que van a perder su libertad. Pero, ¿a qué libertad nos referimos? Todo lo que hacemos es directa o indirectamente influenciado. En otras palabras, lo que pensamos que hacemos por voluntad propia, es el resultado de la influencia sobre nosotros. El único control que tenemos es la opción de decidir cómo somos influenciados.

A fin de cuentas, son limitadas las cosas que podemos controlar en la vida. ¿Qué tal después de nuestra vida?

si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. – Romanos 10:9

Cuando nos comprometemos con Dios, obtenemos la vida eterna, algo que de ninguna manera podíamos hacer por nosotros mismos.

Entregar nuestra vida a la voluntad de Dios no es perder la libertad, sino ganancia y verdadera libertad. Este es un compromiso que vale la pena.

Lágrimas y Milagros

Si realizáramos una encuesta para saber acerca de la preferencia de la gente entre lágrimas y milagros, seguramente los milagros ganarían por mucho.  Las lagrimas por lo general se relacionan a sufrimiento, y nadie quiere más de esto. Pero un milagro es algo que le viene bien a cualquier persona.

Estas dos palabras parecen completamente opuestas, pero están más relacionadas de lo que podríamos pensar. Lo cierto es que un milagro es algo que solamente se requiere en situaciones cuando existe una necesidad o problema para el cual humanamente no tenemos la solución.   Este momento de desesperación está normalmente precedido por dolor y lágrimas.

Un corto versículo bíblico nos enseña acerca de la importancia de una de estas palabras.

Jesús lloró – Juan 11:35

Al leer este pasaje (Juan 11:35-44) normalmente nos concentramos en el milagro de la resurrección, pero no podemos apreciar la resurrección sin primeramente considerar el poder de las lágrimas.

Cuando Jesús se detuvo frente al sepulcro no pudo contener sus lágrimas. Los que estaban en el lugar interpretaron este evento como muestra del amor de Jesús por su amigo. Pero permítanme aventurarme a una interpretación diferente. Jesús no solo lloró por Lázaro, a quien sabía habría de resucitar (después de todo Lázaro eventualmente iba a morir nuevamente). Pienso que las lágrimas de Jesús eran por la humanidad en general. En ese momento Jesús vio no solamente la muerte de su amigo, sino también de todos aquellos que Dios creó con propósito de vida, pero cuyas acciones resultaron en muerte. Lloró por nuestros sufrimientos y enfermedades. Lloró por la condición que nos tiene separados de Dios. Lloró por nuestra reconciliación. Sus lágrimas son muestra de Su amor por nosotros.

No podemos evitar el sufrimiento, pero como Jesús, podemos mostrar empatía por aquellos que están experimentándolo. No podemos resucitar a los muertos, pero podemos dirigir a un mundo en sufrimiento hacia aquel que si puede hacerlo.

Que nuestras lagrimas se conviertan en el medio por el cual los necesitados reciban su milagro.

Jugando al esconder

¿Alguna vez jugaste al esconder? ¡Qué emoción lograr esconderse de forma tal que nadie te encontrara! Sin embargo, después de cierto tiempo teníamos que dejar nuestro escondite, pues nos cansábamos de estar escondidos.

Esconderse es solo divertido en juegos de niños. Pero, ¿Qué tal cuando nos escondemos porque tenemos el presentimiento que alguien nos está persiguiendo? Esto no es nada divertido.

Peor aún es cuando tratamos de esconder lo que hacemos. Hay comportamientos que, aunque en nuestra propia opinión no sintamos que sean malos, cuando los exponemos a la luz de la palabra de Dios, inevitablemente nos hacen sentir avergonzados y como resultado tratamos de escondernos.

Esta reacción no es nada nuevo.

Luego oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba por el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.

Pero Jehová Dios llamó al hombre, y le preguntó: —¿Dónde estás?

Él respondió: —Oí tu voz en el huerto y tuve miedo, porque estaba desnudo; por eso me escondí.

Entonces Dios le preguntó:  —… ¿Acaso has comido del árbol del cual yo te mandé que no comieras?

Genesis 3:8-11

Todos de alguna forma u otra hemos hecho, o hacemos, cosas que no le agradan a Dios. Quizás podamos vivir por un tiempo con indiferencia. Pero cuando escuchamos la voz de Dios, nuestro corazón nos delata sin remedio. La vergüenza del pecado se apodera de nosotros, haciéndonos sentir como si estuviésemos desnudos ante su presencia, e infructuosamente tratamos de escondernos.

Mantenernos escondidos no es un juego. A la larga tendremos que salir de nuestro escondite y enfrentar la realidad. ¡Que bueno que Dios proveyó para cubrir nuestra desnudez espiritual a través de Cristo!

habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno – Colosenses 3:9-10

Sal de tu escondite y comienza a vivir en la libertad del perdón de Dios en Cristo Jesús.

Cultura de Inclusión

‘Cultura de Inclusión’ parecen ser de las palabras del momento. Escuchamos estas por parte de organizaciones, compañías, y medios noticiosos.

Buscando en diferentes artículos podemos concluir que una cultura de inclusión busca alcanzar la integración en medio de la diversidad que los miembros de una organización (o comunidad) puedan tener, con el propósito de que cada individuo pueda colaborar para lograr el potencial tanto individual como colectivo.

La idea suena fantástica, pero tiene una gran limitación:  el ser humano se inclina a buscar prioritariamente, y en algunos casos exclusivamente, su bien personal. Tampoco podemos negar que la cultura individualista tiene un mayor atractivo.

¿Cuál es entonces la solución? No hay otra respuesta que no sea Dios. Esto puede parecer contradictorio para muchas personas que acusan a Dios de ser exclusivo, pero no hay nada mas lejos de la realidad.

En el momento en que el ser humano decide querer ser su propio Dios (una historia que se ha repetido constantemente para cada ser humano comenzando desde el jardín del Edén) tomamos la decisión de excluirnos de la presencia de Dios. No fue Dios quien nos excluyó sino nosotros mismos.

Sin embargo, Dios en su amor, desde entonces ha querido reintegrar en su reino a aquellos (tu y yo) que voluntariamente nos alienamos de Él.

Todos se apartaron, a una fueron hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. – Romanos 3:12

No importa cuál sea la razón de nuestra separación, o cuan lejos nuestras acciones nos hayan llevado de Dios, Él quitó las barreras de separación a través de su hijo Jesucristo para incluirnos nuevamente en Su reino. Su propósito es que logremos el potencial que como creación a Su imagen podemos alcanzar. Solo se requiere colaborar con Él: Jesús con su sacrificio, nosotros con nuestra fe y el Padre con su perdón. Esto es una verdadera cultura de inclusión.

Porque la paga del pecado es muerte; pero el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro. – Romanos 6:23

Todos estábamos igualmente perdidos, pero todos hemos sido igualmente amados. ¿Qué mayor inclusión que amar con tal compromiso a aquellos que voluntariamente le rechazaron? No lo hay. Una oferta como esta no se puede rechazar.

Querer y necesitar

Saciar las necesidades básicas no parece ser suficiente para hacernos sentir verdaderamente satisfechos. Lo que ayer nos satisfacía, ya no nos satisface hoy. Nos sucede como a los niños pequeños con sus juguetes: pierden rápidamente el atractivo ante algo más novedoso.

¿Por qué perdemos la satisfacción tan fácilmente? Creo que estamos confundiendo lo que queremos con lo que necesitamos. Son muchas las cosas que puedo querer, pero pocas las que verdaderamente necesito. A veces me he encontrado pensando que ‘necesito’ tal o cual cosa. Pero, ¿realmente la necesito? Algo que necesito es el oxígeno; el artefacto electrónico último modelo que quiero no es una necesidad, sino un antojo.

Podríamos hablar de lo que se consideran las necesidades básicas de los seres humanos, pero creo que verdaderamente todos tenemos una sola necesidad básica; las demás son antojos.

No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? …vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. – Mateo 6:31-33

Nuestras necesidades son solamente satisfechas cuando le damos el primer lugar a Dios. Al fin y al cabo, fue El quien nos hizo y al universo en que vivimos.  Tratar de satisfacer nuestras vidas sin darle el primer lugar a Dios es como intentar tapar el Gran Cañón del Colorado con una cucharada de tierra al día.

Ya sabemos los resultados de satisfacer nuestras necesidades basado en lo que queremos: consumimos alimentos que nos afectan la salud, gastamos de forma tal que se afectan nuestras finanzas, nos envolvemos en relaciones que afectan nuestras familias, consumimos nuestro tiempo en actividades infructuosas, etc. Solo alcanzamos satisfacción fugaz, y con el tiempo terminamos ansiosos tratando de buscar satisfacción y deprimidos porque no la podemos encontrar.

Dejemos de practicar las cosas que sabemos que no dan resultado. Es tiempo de cambiar la estrategia. No se trata de lo que quieres, se trata de lo que necesitas, y lo que necesitas es a Dios.

 

 

¿Sentiste el amor?

Hace unos días se celebró el día de San Valentín, también conocido como el día de los enamorados o el día de la amistad. De una manera u otra, todos recibimos algún detalle ese día. Y aún si aquellos de quien esperábamos algo sufrieron pérdida de memoria temporera, quizás al igual que yo, recibiste como consolación una tarjeta de felicitación de parte de tu corredor de bienes raíces o tu compañía hipotecaria.

Los anuncios en la televisión hacen que las expectativas para este día sean demasiado altas, incluyendo diamantes y autos lujosos como la forma de demostrar amor. A esto hemos llegado.

El concepto humano del amor hace que su celebración pierda significado. ¿Estamos celebrando el amor o una competencia?

Afortunadamente no tenemos que conformarnos con la definición que el mundo le da al amor.

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. – 1 Juan 4:10

Estamos tan acostumbrados a solo recibir lo que merecemos, que se nos hace difícil entender que el creador del universo nos pueda amar así. Fíjate en la secuencia del amor de Dios.

No es:

Vivo una vida para Dios  –> soy merecedor de Dios –>  amo a Dios –>  Dios me perdona y me ama

Si no más bien:

Vivo una vida de pecado  –> no merezco a Dios –>  Dios me ama y me perdona –>  amo a Dios

El mundo nos enseña que hay que hacer grandes sacrificios para agradar a aquellos que amas. Pero, no hay ningún sacrificio que hacer para ganarnos el amor de Dios. Él nos amó tal y como éramos (Romanos 5:6-8). El único sacrificio lo hizo su hijo Jesucristo con el propósito de liberarnos para que nosotros también le pudiéramos amar a él.

¿No te alivia saber esta realidad? Este amor no necesita un día en el calendario. Tú también puedes sentir el amor.

Objetos Perdidos

¿Alguna vez has pasado tiempo buscando tus anteojos mientras los tienes puestos? ¡Que desesperante cuando pasamos tiempo buscando algo que no está perdido!

Situaciones como enfermedades, problemas financieros, problemas familiares, entre otros, pueden hacernos caer en estado de desesperación.  La desesperación a su vez nos desenfoca, haciéndonos ver solamente el problema y vivir como si la esperanza se hubiera perdido. Y vivir sin esperanza es no vivir.

¿Cómo podemos hablar de esperanza en una vida llena de problemas?

En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. – Juan 16:33

La palabra de Dios no esconde la realidad de los sufrimientos que tendremos en el mundo, pero tampoco esconde la realidad de la esperanza de victoria en Jesús.

Si los problemas de la vida te hacen pensar que la esperanza está perdida, te invito a que hagas tuya esta oración.

…que es la [garantía] de vuestra herencia…[oro],  para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertosEfesios 1:13-20

¡Si solo pudiéramos ver lo que está reservado para nosotros!  Esperanzaherenciasupereminente poder (incluso sobre la muerte). Pero permitimos que las cosas temporeras nublen nuestra vista de las eternas.

No dejes que los problemas te engañen. Tu vida no está perdida.

vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. – Colosenses 3:3

Cambia la mirada de tus problemas y encontraras tu esperanza de vida en Cristo Jesús.

Mejor

Con el comienzo de un nuevo año nos proponemos hacer cambios en nuestra vida con el propósito de que esta sea mejor. Para muchos, esto significa cambios en hábitos para tener mejor salud. Para otros son cambios para mejorar su situación financiera. Independientemente de los cambios que nos propongamos, el propósito es mejorar.

Hay un área de suma importancia que tendemos a ignorar al definir nuestras prioridades. Si queremos que nuestra vida sea mejor no podemos dejar atrás el área espiritual. Podemos estar de acuerdo en decir que tenerlo todo en la vida no resulta en tener una vida mejor. No importa cuántas posesiones tengamos siempre nos encontramos con un vacío en nuestras vidas.

Ese vacío que sentimos solo lo puede llenar Dios. Por más que tratemos de satisfacer esta necesidad, viviremos sin significado hasta que tengamos una relación con aquel que nos dio la vida.

Esto no se trata de simplemente religión, pues fácilmente podemos caer en la trampa de la rutina, envolviéndonos en prácticas donde hablamos de Dios sin verdaderamente experimentarlo.

Dios quiere mucho más que eso para cada uno de nosotros.

que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo – Efesios 1:3/2:6

En él asimismo tuvimos herencia – Efesios 1:11a

de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios – Efesios 3:19a

¡Si solo entendiéramos lo que significa ser hijos de Dios!

Así sea teniéndolo todo o no teniendo nada, el todo y la nada se quedan atrás en este mundo. Lo que importa es que ya estamos bendecidos en los lugares celestiales, que ya tenemos herencia, que ya somos amados incomprensiblemente y que ya podemos poseer la plenitud del ser más poderoso del universo.

Tener a Dios es tener una vida mejor.

Olvidar

La vida trae muchas alegrías, pero también viene acompañada de una buena porción de tristezas. Hay cosas para recordar y cosas para olvidar.

El apóstol Pablo también experimentó tiempos buenos y malos. Tuvo suficientes experiencias negativas para olvidar y plenas experiencias positivas para recordar, pero decidió dejar todas sus experiencias en el pasado.

Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. – Filipenses 3:13-14

Como fariseo Pablo tuvo la posibilidad de alcanzar liderato y una buena vida. Pero abandonó esa vida convirtiéndose de perseguidor a perseguido.

Como creyente evangelizó a muchos y se convirtió en una de las mas grandes influencias de la iglesia. Pero junto con esto, padeció persecución, injurias, ataques físicos, y al momento de escribir esta carta, tenía una casi segura sentencia de muerte.

¿Cómo es posible que un líder tan exitoso quisiera olvidar sus logros?  Podemos entender querer olvidar las pruebas, pero ¿olvidar sus logros? Pablo estaba claro en su meta. Por lo tanto, no podía quedarse viviendo en las glorias de las victorias alcanzadas, ni morando en los sufrimientos pasados. Para él era necesario olvidar estas experiencias para poder enfocarse en algo mucho mejor.

No hay meta mayor que el premio de alcanzar a Jesús (v. 7-12). Pero ni siquiera las experiencias de Pablo se acercaban a esto. No habrá nada más sublime que cuando experimentemos a Jesús en la eternidad.

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. – Juan 17:3

Esta era la meta en la cual Pablo estaba enfocado. Por una meta como esta, vale la pena olvidar todo lo demás.