¿Estás satisfecho?

El día de Acción de Gracias marca el comienzo de la época navideña, y con esto las celebraciones. Dado la abundancia de comida común en estas reuniones, no es necesario preguntarle a nadie si está satisfecho.

Pero lo cierto es que, en general, la insatisfacción caracteriza nuestras vidas. Lo que hoy me satisface tiene poca duración. Tan pronto tenemos lo que queremos, la satisfacción que produce comienza a desvanecer. Sea comida, posiciones, trabajo, o relaciones, el efecto es el mismo: Nada produce satisfacción duradera.

Esto no es nada nuevo, pues lo mismo ocurrió en el Edén. Adán y Eva tenían literalmente todo lo que una persona puede necesitar. Más aun, tenían una relación directa con Dios. Sin embargo, se dejaron engañar y fútilmente pensaron que podían tomar el lugar de Dios, tratando de reemplazar así a aquel que era la fuente de todo lo que ellos tenían.

…No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió – Genesis 3:1-6

Podemos culpar a Adán y Eva por el efecto adverso de sus hechos. Pero nosotros hacemos lo mismo una y otra vez. Rechazamos al único que verdaderamente puede traer satisfacción a nuestras vidas y lo reemplazamos con cosas materiales, o aun nosotros mismos (Romanos 1:18-23).

¿Qué tal si cambiamos nuestro enfoque y dejamos de buscar aquellas cosas que solo ofrecen satisfacción temporera? Es tiempo de que regresemos al proveedor de todo y la fuente de verdadera satisfacción. Es hora de buscar a Dios.


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