Guerra

Recientemente se celebró el 75 aniversario del Día-D. Este fue un día importante para las fuerzas aliadas en ruta a la liberación de Europa. Miles de vidas se perdieron en ambos bandos como resultado de esta batalla.  Pero fueron muchos más los que dieron sus vidas a lo largo de la Segunda Guerra Mundial. Parece un precio alto a pagar, pero desafortunadamente, hay ocasiones en que este es el precio necesario para salvar a aquellos que no tienen la capacidad de protegerse.

Esta lógica no aplica a la guerra que el reino de los cielos lleva en favor de las almas perdidas. En primer lugar, el precio a pagar fue hecho en su totalidad por el sacrificio de Jesús en la cruz. La deuda quedó completamente salda. Solo se necesitaba sacrificar una vida, y esa fue la de nuestro señor Jesucristo. En segundo lugar, hay un detalle que no podemos olvidar en esta guerra: el propósito es salvar las almas, no destruirlas (Juan 3:17).

Todos los que ahora somos parte del reino de los cielos, vivíamos anteriormente una vida que no le agradaba a Dios. Sin embargo, Dios nunca nos vio como enemigos, sino como vidas engañadas por el enemigo, y en necesidad de ser rescatadas.

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. – Efesios 6:12

La guerra es contra fuerzas espirituales que tienen cautivas a las almas. Nuestra parte en esta guerra no es pelear contra las almas, sino permitir que Dios nos use como el medio por el cual Él pueda rescatarlas.

Tenemos una grande responsabilidad. Permitamos que la gracia de Dios se manifieste a través de nosotros. Asegurémonos de que seamos vistos como rescatistas y no como enemigos.


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